Como amante del vino, La Rioja era una parada obligatoria. Empecé en Logroño, la capital, y por la noche me fui de pinchos por la Calle del Laurel, con una bodega tras otra. Con una copa de Rioja en la mano y pintxos en el plato, ¡la vida es bella!
Luego recorrí las suaves colinas entre el río Ebro y las viñas. Muchas bodegas ofrecen visitas guiadas. Fui a la futurista de Marqués de Riscal en Elciego, una obra de arte con vidrio y titanio. Por supuesto, degusté Tempranillo, Garnacha y otras variedades. Para rematar, visité pequeñas bodegas familiares donde conocí a los propios viticultores.
Zona de tapas: Calle del Laurel en Logroño; ir de bar en bar es un planazo nocturno.
Bodegas: Muchas ofrecen tours (10–20 EUR). Reserva con tiempo, especialmente en temporada alta.
Senderismo/Bici: Hay rutas preciosas por los viñedos, cerca de Laguardia o Haro.
Combinable con: Una escapada a Burgos (catedral castellana) o Bilbao (a solo 1,5h).
Mejor época: Otoño (vendimia, luz dorada y temperatura suave) o primavera.
Ideal para: Enófilos, foodies, gente que disfrute de paseos y catas.
Costes: Visitas a bodegas desde 10–20 EUR, hoteles 50–100 EUR/noche, comidas gourmet 20–40 EUR.
Duración recomendada: 3–5 días para Logroño y alrededores; 1 semana si quieres visitar más bodegas y hacer senderismo.